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Temas e Inquietudes
A pesar que el índice de crecimiento de la población mundial ha disminuido, para eliminar el hambre en el próximo siglo los sistemas agropecuarios del mundo entero tendrían que duplicar la producción de alimentos. Sin embargo, si se continúa ignorando los temas relacionados con la pobreza, el acceso a los alimentos y su distribución, el hambre persistirá. La mayoría de los analistas concuerda en que es necesario aumentar la producción de alimentos en las tierras agrícolas existentes, pero las opiniones varían acerca del mejor método para alcanzar ese objetivo. La sabiduría convencional afirma que para duplicar la producción de alimentos es preciso intensificar la agricultura poniendo énfasis en la mecanización, los plaguicidas, los fertilizantes y la biotecnología. Sin embargo, otros analistas señalan que la brecha entre la demanda y la producción crece continuamente y que no es posible superarla sólo mediante el desarrollo de nuevas tecnologías agropecuarias. La mayoría de los consumidores hambrientos son demasiado pobres para comprar los alimentos que necesitan, mientras que los productores pobres no pueden permitirse utilizar costosas tecnologías intensivas en capital, desarrolladas por organizaciones externas para obtener beneficios financieros. Además, esas tecnologías no suelen ser apropiadas para las condiciones y necesidades de los pequeños productores rurales, las comunidades agrícolas tradicionales y los pueblos indígenas que ya han sido dejados de lado por los esfuerzos de intensificación agrícola. Por otra parte, también se ha cuestionado la sustentabilidad de esas tecnologías.
El mayor desafío para la humanidad es el de proteger y manejar en forma sustentable la base de recursos naturales, y al mismo tiempo alimentar y albergar a una población que continúa creciendo y reconocer los derechos de los pueblos indígenas y los agricultores tradicionales sobre tierras y recursos. Actualmente la degradación de tierras y la pérdida de suelo amenazan la subsistencia de millones de personas y la seguridad alimentaria futura, con implicaciones para los recursos hídricos, la conservación de la biodiversidad y la integridad cultural de los pueblos indígenas y los agricultores tradicionales. Además, los llamados modelos “intensivos” de producción agropecuaria están afectando también los derechos de las mujeres en relación con el acceso a la tierra y su manejo y control.**
Se hace cada vez más evidente, sin embargo, que existen tecnologías y procesos capaces de producir mayor cantidad de alimentos para grupos más pobres sin ocasionarle daños al ambiente natural. Los pueblos indígenas, por ejemplo, han desarrollado en el transcurso de muchas generaciones un saber científico holístico tradicional acerca de sus tierras, sus recursos naturales y su medio ambiente que ha sido reconocido explícitamente en el capítulo 26 de la Agenda 21. Por lo tanto, la necesidad más importante es encontrar soluciones basadas en recursos existentes localmente, en saberes y know-how tradicionales y/o iniciativas de base informadas por la experiencia y conocimientos de las ONGs, los agricultores y los pueblos indígenas. Aún cuando ya existen una serie de prácticas con fundamento ecológico, en la mayoría de los países no se hace una promoción activa de ellas.
Un principio fundamental de los sistemas sustentables es que no agotan los bienes de capital, como lo hacen los insustentables. La agricultura sustentable no sólo produce alimentos y otros bienes para las familias indígenas o de agricultores y para el mercado, sino que además aporta beneficios ambientales como las aguas limpias, la flora y fauna silvestres, la fijación de carbono en el suelo, el mejoramiento del clima, la protección contra inundaciones y la calidad del paisaje. Y cumple muchas funciones no alimentarias únicas que otros sectores productivos no pueden generar (p. ej. fomentar la biodiversidad en una unidad agropecuaria, provocar migración de la ciudad al campo, impulsar la cohesión social). El enfoque del desarrollo rural y la agricultura sustentables (SARD, por sus siglas en inglés) incorpora elementos ambientales, económicos y sociales y constituye una estrategia que aumenta tanto los beneficios privados para los agricultores como los beneficios públicos. Esas interrelaciones cada vez más reconocidas entre el ambiente natural y su desarrollo sustentable y el bienestar cultural, social, económico y físico han sido cultivadas por los pueblos indígenas por milenios.
Un desafío político clave es hallar maneras de aumentar la producción de alimentos tratando de mejorar las funciones positivas de la agricultura y al mismo tiempo eliminar las negativas. La agroecología o agricultura orgánica ofrece la base científica y metodológica para responder al reto de formular una estrategia que impulse la seguridad alimentaria, proponga caminos para salir de la pobreza y conserve la base de recursos naturales de la agricultura. En ausencia de un modelo de investigación y desarrollo agropecuario centrado en la gente, pueden perderse para siempre importantes oportunidades de elevar la productividad agropecuaria en formas económicamente viables, benignas para el medio ambiente y socialmente positivas.
Existen Soluciones: ¿Cuál es la Mejor Manera de Apoyar su Adopción?
¿Cómo podemos entonces estimular las transiciones hacia una mayor sustentabilidad en los sistemas tanto tradicionales como intensivos? La agricultura sustentable intenta hacer el mejor uso posible de los bienes y servicios de la naturaleza sin dañar el medio ambiente (Altieri,1995, 1999; Thrupp, 1996; Pretty, 1995a, 1998). Lo hace integrando a los procesos de producción de alimentos procesos naturales como los ciclos de nutrientes, la fijación de nitrógeno, la regeneración del suelo y los enemigos naturales de las plagas, a la vez que minimiza el uso de insumos no renovables (plaguicidas y fertilizantes) que dañan el medio ambiente o la salud de los agricultores y los consumidores. Y hace un mejor uso de los conocimientos y las habilidades de los pueblos indígenas y los agricultores, impulsando así su confianza en sí mismos y sus capacidades a través de enfoques participativos del desarrollo rural.
Cuatro opciones para el cambio:
1. Mejor utilización de los recursos renovables disponibles (capital
natural).
Se dispone de una amplia variedad de tecnologías y prácticas
que los agricultores y las comunidades pueden emplear para hacer un uso
mejor y más productivo de los recursos naturales a su disposición,
partiendo de la idea de que en el pasado, por una variedad de razones,
el agua, los suelos y la biodiversidad no han sido usados en la forma más
efectiva. Las opciones incluyen: cosecha de agua (water harvesting); conservación
del suelo y el agua –p. ej., la siembra en curvas de nivel, las terrazas,
la labranza mínima y las franjas de pasto; el compostaje y el estiércol;
la programación y el manejo de la irrigación; la restauración
de tierras degradadas o abandonadas; el pastoreo rotativo; el manejodel
hábitat de los predadores de las plagas; los sistemas de drenaje
y manejo del subsuelo (sub-soiling); las camas altas y surcos elevados
o chinampa; los bioplaguicidas y biofunguicidas. Lo ideal es utilizar tecnologías
que optimicen una serie de procesos ecológicos (los ciclos de nutrientes,
el control natural de plagas, etc.) que son esenciales para la productividad
y sustentabilidad agropecuarias.
2. Intensificación de un solo subcomponente de un sistema agropecuario
Otro tipo de mejoramiento de los sistemas agropecuarios o de subsistencia implica la intensificación de un solo subcomponente del sistema, dejando el resto igual; por ejemplo, preparando surcos con doble excavación, agregando verduras a los cultivos de arroz o excavando un estanque para peces. Esas tecnologías pueden aumentar significativamente la producción total de alimentos para la subsistencia rural, en particular la de proteínas y vegetales. Los beneficiarios suelen ser los niños en épocas de hambruna.
3. Diversificar agregando componentes regenerativos y nuevo capital natural productivo
El tercer tipo de mejoramiento del capital natural implica la diversificación de todo el agroecosistema mediante la incorporación de nuevos componentes regenerativos, como leguminosas en la rotación de cereales, peces en el arroz, agroforestería y ganado. Esas tecnologías conducen a rediseñar por completo la unidad de producción, lo que puede provocar interacciones sinergéticas, es decir, en las que un componente contribuye positivamente al éxito de otros componentes del sistema.
4. Mejor uso de tecnologías e insumos no renovables
Donde se utilizan insumos externos y no renovables, el sistema puede avanzar hacia una producción más sustentable y efectiva asegurando que las aplicaciones de insumos sean exactas, con poco o ningún desperdicio o daño para el capital natural o humano. Con el tiempo este enfoque evoluciona hacia una fase de sustitución de insumos, en que los productos químicos son remplazados por insumos orgánicos o biológicos, que es la estrategia aplicada por la mayoría de los agricultores orgánicos. Sin embargo, el objetivo final es avanzar más allá de la sustitución de insumos rompiendo el monocultivo con enfoques biodiversificadores que permitan que la unidad productiva estimule su propio ciclo de nutrientes, su control de plagas y su productividad.
Al contrario de lo que afirman algunos críticos, los sistemas agroecológicos no se encuentran limitados por su baja productividad. Con la mayoría de los métodos de producción alternativos es habitual obtener aumentos de rendimiento que oscilan entre 50 y 100 por ciento. En algunos de esos sistemas el rendimiento de los cultivos a los que más recurren los pobres –arroz, frijoles, maíz, papas, cebada— ya está aumentando un 200 por ciento o más, en base a mano de obra y manejo --más que a insumos comerciales costosos-- y capitalizando intensificación y sinergias. Y más importante aún que el simple rendimiento, es que es posible elevar en forma significativa la producción total mediante la diversificación de los sistemas agropecuarios, por ejemplo criando peces en los arrozales y cultivando sus orillas, o en muchos países agregando cabras o aves a las operaciones domésticas. Los enfoques agroecológicos aumentan la estabilidad de la producción, reduciendo los coeficientes de variación del rendimiento de los cultivos con un mejor manejo del suelo y el agua.
Acciones Institucionales y Partes Interesadas (Stakeholders)
1. Asociaciones integradas
Es urgente que los gobiernos y las organizaciones públicas internacionales impulsen y apoyen asociaciones efectivas con ONGs, universidades locales y organizaciones de agricultores y de pueblos indígenas con el objeto de asistir y empoderar a los agricultores pobres para que alcancen la seguridad alimentaria, generen ingreso y conserven los recursos naturales. Uno de los mayores desafíos para el futuro consiste en promover cambios institucionales y políticos tendientes a realizar el potencial de los enfoques alternativos.
Entre los cambios necesarios están:
a. Aumentar la inversión pública en métodos
agroecológicos participativos;
b. Modificar las políticas de tal forma que se eliminen los
subsidios a las tecnologías convencionales y en su lugar se apoye
los enfoques agroecológicos;
c. Mejorar la infraestructura de las zonas pobres y marginadas;
d. Ofrecer oportunidades de mercado equitativas y adecuadas, incluyendo
información y acceso al mercado y planes de comercio justo;
e. Seguridad en la tenencia de la tierra y procesos de descentralización
progresiva, que al mismo tiempo respeten los derechos innatos de los pueblos
indígenas a sus territorios ancestrales;
f. Cambios de actitud y filosofía entre los responsables de
la toma de decisiones, los científicos y otros, para que reconozcan
las alternativas;
g. Estrategias institucionales que fomenten las asociaciones equitativas
con agricultores y ONGs locales; sustituir el modelo vertical (de arriba
hacia abajo) de transferencia de tecnología por el desarrollo tecnológico
participativo y la investigación y extensión centradas en
el agricultor. En este contexto, es necesario que las instituciones públicas
y privadas, gubernamentales y no gubernamentales, reconozcan y apoyen la
capacidad de los pequeños productores agropecuarios y los agricultores
marginales de hacer una contribución significativa a la producción
mundial de alimentos en el futuro si se les brinda cooperación y
estímulo adecuados en forma de cambios institucionales e inversiones.
2. Ofrecer políticas de apoyo adecuadas para el fortalecimiento y jerarquización de los mecanismos para un diálogo permanente entre las partes interesadas
La agricultura sustentable puede hacer una contribución significativa al capital natural y social, además de tener efectos positivos considerables sobre la seguridad alimentaria de la población rural, su bienestar y sus sistemas de sustento. Sin embargo, sin un apoyo político adecuado a varios niveles, en el mejor de los casos esas mejoras quedarán localizadas, y en el peor se perderán por completo.
Con algunas excepciones importantes, muchas de las mejoras de la agricultura sustentable surgidas en todo el mundo en la década de los ‘90s aparecieron sin reformas políticas nacionales o internacionales significativas. Hasta la fecha son pocos los países que han dado su apoyo nacional explícito a la agricultura sustentable, colocándola en el centro de sus políticas de desarrollo agropecuario y adecuando el resto de sus políticas en consecuencia. Es necesario introducir cambios significativos en las políticas diseñadas para provocar incrementos en la producción de alimentos, a fin de que incorporen también beneficios ambientales y sociales. Asimismo, será preciso cambiar las políticas alimentarias que apoyan y promueven la producción de alimentos baratos y abundantes sin preocuparse por su calidad, mientras que las políticas e instituciones de desarrollo rural cuyo propósito es resolver los problemas económicos y sociales de las comunidades rurales deberán abandonar la búsqueda permanente de soluciones “exógenas” y desplazar su mira hacia enfoques de desarrollo participativo basado en la comunidad.
Si bien es mucho lo que puede hacerse con los recursos existentes, el viraje hacia una agricultura más sustentable no ocurrirá sin algo de apoyo y financiación externa. Será preciso incurrir en gastos de transacción considerables, como los costos de adquirir nuevos conocimientos, los costos de desarrollar nuevas tecnologías o adaptar las anteriores, los costos de aprender a trabajar en equipo, los costos de apartar a instituciones de los paradigmas de pensamiento y de práctica existentes. También costará tiempo y dinero reconstruir capitales naturales y sociales agotados. Además, quienes tienen interés en mantener el actual estado de cosas podrían dificultar esas reformas. Por ejemplo, los fabricantes de fertilizantes no tienen ningún incentivo para apoyar la transición hacia la agricultura basada en las leguminosas o los biofertilizantes, porque eso entraña una posible pérdida de beneficios muy grande para ellos. Es por eso que un mecanismo para el diálogo permanente entre las partes interesadas en la agricultura sustentable será esencial para resolver esos problemas.
3. Énfasis en el proceso y no en el producto
Está surgiendo una nueva metodología para la innovación agropecuaria que es tan importante como las tecnologías que derivan de ella. Esos nuevos enfoques han surgido en gran parte de la experiencia y de la experimentación, en gran medida de los propios agricultores, a menudo estimulados por organizaciones no gubernamentales, universidades u otras instituciones de investigación que trabajan con ellos y los apoyan. En algunos casos, los gobiernos han empezado a encarar la relación y el trabajo con los agricultores con un nuevo estilo, menos directivo y más colaborativo. Los nuevos enfoques, por lo tanto, se basan en la participación activa de los agricultores –y, de hecho, con frecuencia como directores-- en un proceso que se inicia identificando problemas y necesidades, y que pasa luego por determinar y escoger entre distintas soluciones posibles; ensayar, monitorear y evaluar los resultados de nuevas prácticas agropecuarias; y ayudar a difundir los resultados que se consideren beneficiosos. Este proceso podría caracterizarse bien como desarrollo tecnológico participativo, como investigación y extensión centrada en los agricultores o como mejoramiento agropecuario de agricultor-a-agricultor. Es fundamental la existencia de un ambiente favorable en el ámbito local, nacional e internacional para apoyar los procesos en marcha e impulsar el desarrollo de otros nuevos que adopten este enfoque.
4. Investigación
Entre las áreas promisorias para la evaluación y promoción de tecnologías y políticas alternativas se cuentan: los abonos verdes, los cultivos de cobertura, los barbechos mejorados, la agroforestería, la acuicultura, los sistemas mixtos agrícola-ganaderos, el manejo integrado de plagas, el control biológico, el manejo orgánico de suelos y los ciclos de nutrientes, los procesos de adaptación y adopción de tecnologías, las políticas de apoyo, las asociaciones institucionales y el desarrollo del mercado.
La comunidad internacional y los gobiernos deben mantener o aumentar la inversión en investigación agropecuaria, ya que el desarrollo de nuevas líneas de investigación y la transformación de los hallazgos de la investigación en prácticas de campo sustentables puede tomar años o incluso décadas. Los países en desarrollo, en particular los que tienen una densidad de población elevada, necesitarán la cooperación internacional para obtener acceso a los resultados de esa investigación y a tecnologías diseñadas para elevar la productividad agropecuaria en espacios limitados, así como a los recursos que permitirán a los productores realizar investigaciones agropecuarias que respondan a sus propias necesidades. Hace falta encontrar mecanismos para asegurar que la investigación privada rinda cuentas de su actividad y sus resultados ante los agricultores y la opinión pública de manera más amplia y transparente.
Propuestas Específicas para la Acción
Gobiernos:
1. Adoptar y ratificar un tratado vinculante (de cumplimiento obligatorio)
sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes.
2. Implementar como señala la Agenda 21, 26.4 (la) "ratificación
y aplicación de las convenciones internacionales existentes relacionadas
con los pueblos indígenas y sus comunidades (donde aún no
se haya hecho) y apoyar la adopción por la Asamblea General de la
(actual) declaración de derechos indígenas.
3. Reconocer la necesidad de proteger el saber tradicional de los pueblos
indígenas, en conformidad con el párrafo 26.5(ii) de la Agenda
21 y “(aumentar) la eficiencia de los sistemas de manejo de recursos de
los pueblos indígenas fomentando, por ejemplo, la adaptación
y difusión de innovaciones tecnológicas apropiadas” (artículo
8(j) del CBD y otros).
4. Examinar las iniciativas de promoción de un “convenio internacional
sobre suelos” y preparar un informe para su consideración en la
sesión del 2002 de la CDS.
5. Respaldar un enfoque participativo de la investigación y
capacitación agropecuarias como base necesaria para la transición
deseada hacia la sustentabilidad.
Todas las partes y sectores interesados:
6. Es necesario que todas las partes interesadas se unan reclamando
enérgicamente la necesidad de que los gobiernos, la inversión
pública y las agencias de cooperación para el desarrollo
constituyan un contrapeso a los intereses empresariales, apoyando las “mejores
prácticas” en el empleo de productos químicos e introduciendo
regímenes tributarios y regulatorios fuertes y capaces de contrarrestar
los efectos negativos de un mercado de fertilizantes y plaguicidas químicos
desregulado.
7. Evaluar la necesidad y el posible mecanismo para un Grupo de Trabajo
Internacional sobre Agricultura Sustentable (International Sustainable
Agriculture Working Group--ISAWG) que facilite el diálogo sistemático
y permanente entre los múltiples sectores y partes interesadas y
su participación en el fomento de políticas de Desarrollo
Rural y Agricultura Sustentable (SARD).
________________
* Borrador original de Jules Pretty, Director del Centro para el Medio
ambiente y la Sociedad, de la Universidad de Essex, y Sustain: la alianza
por mejores alimentos y prácticas agropecuarias, Reino Unido; y
Miguel Altieri, Universidad de California, Berkeley, y presidente de la
Comisión de ONGs del Grupo Consultivo sobre Investigación
Agropecuaria Internacional (CGIAR); redacción final a cargo de miembros
de la Comisión de ONGs sobre Sistemas Alimentarios y Agricultura
Sustentable (SAFS), de la Comisión de las Naciones Unidas para el
Desarrollo Sustentable.
?
** Véase el documento de las ONGs preparatorio de la CDS, sobre
el papel de la tenencia de la tierra en la seguridad alimentaria y la agricultura
sustentable: "The Sustainable Management of Land Resources -- An Essential
Building Block in National Food Security Planning"
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